Me siento frustrado. Fracasado. Mi única misión auto-impuesta era que aumentase la participación, y lejos de ello, ha bajado en torno a un 4% respecto de 2011. Los números no mienten. Con menos censo, 300 abstenciones más. Me he cansado de explicar que lo necesario para facilitar la vuelta a la “normalidad” democrática de las mayorías simples y los pactos era ir a votar. Aumentar el dichoso ratio para que conseguir concejales sea más difícil. He querido hacer demasiadas cosas en poco tiempo, porque la hoja de ruta se nos presentaba descorazonadora y dura. Cronoescalada de alpinismo, no de ciclismo. Me faltó tiempo quizá, incluso me faltaron ganas por momentos por cosas que no vienen al caso (DEP). Nunca lo sabremos.
En mi haber, la ayuda de gente con un bagaje extensísimo dentro del mundo político municipal. Experientia docet. Implicación máxima dentro de lo posible y una buena relación personal con un amplio abanico de edades. Nuevas tecnologías. Y dar un pasito atrás de vez en cuando si percibía que la inercia de la campaña no dejaba ver el bosque.
En mi debe, la inexperiencia política absoluta, el doble filo del entusiasmo, la pesada cruz que nos rodea del desinterés por lo político, la incapacidad de conciliar demasiadas cosas en tan poco tiempo (no sólo de política, sino de mi vida en general). El stress que genera estar estableciendo prioridades día sí y día también y que puede haber perjudicado a mi buen hacer.
Es duro aceptar que un tío con la vehemencia del cabeza visible de la CLI te cuente que han pensado en ti como alguien válido. Y te dan qué pensar los ceños fruncidos de tu novia, tu familia y tus colegas cuando les dices “Me han propuesto ir en las listas de la CLI este año”. Evalúas la plancha. Mucho. Evalúas cómo podrías aportar. Los contras de la balanza pesan más de lo que parece. Sin embargo, tomas la decisión de perder la virginidad porque crees que para que te llamen algo más tendrás que ser el hermano de uno de los co-fundadores de la candidatura (al que apenas he deslizado mis posts para no hacerle perder el tiempo porque no le llego ni a la suela del zapato escribiendo, ni mucho menos leyendo. Los que le conocen saben de qué hablo). Y dices que sí: “Si no lo intentas, nunca lo sabrás”. Te subes a un tren en marcha en el que una vez dentro ves que hay una inercia positivista y colaboradora que no esperabas. Objetivos claros. Consenso. Cabeza. Hostia, te gusta.
Te metes en harina. Preguntas obviedades en las reuniones. Te enteras de que no siempre las medallas colgadas pertenecen a quien las luce. Te cabreas. Recapacitas para no hablar en caliente donde no debes (léase: redes sociales). Y empiezas a proponer. A sumar. Medio en serio, medio en broma, he dejado caer la coletilla del #VotaCLI y el #EstoyXTi lo más elegantemente que he podido durante el pintxopote, en el gimnasio, etc… pensando que ninguno de los que sonreían al oírlo cambiarían su voto. Hoy tengo la sensación en algún caso, y la certeza en otros, de que alguno sí lo ha cambiado.
Llegó el día. #Balmaseda vota. Llegó la hora del recuento. Para ese momento estoy desmoralizado. Me ha jodido MUCHO confirmar que 160 personas de “mi” mesa no hayan ido a votar, e independientemente del resultado final, empiezo a maquinar qué puedo hacer para que las ¡¡¡1.700 personas!!! que no han votado en 2.015 lo hagan en 2.019. Imposible hacerlo obligatorio. Imposible olvidarme de ellos. El amargor de la derrota es soliviantado por las blasfemias de alegría y congratulaciones de la gente cuando les hemos ido notificando las evoluciones del escrutinio por WhatsApp, aunque como ya he dicho me ha jodido no llegar a la gente. Si no has votado, aquí me tienes, en el #ClinexDigital. Por favor, explícame por qué… y trataré de asimilarlo si me convences, o intentar argumentar por qué creo que estás equivocad@. Tengo 4 años por delante para convencer a quien lo desee.
Infinitas y sinceras gracias al Txoko El Arroyo, Txoko El Rancho, Txoko Hamaika y a los “yemayitos” (padres de la @TxokoRevolution) por atendernos y a todos los demás txokos que por unas circunstancias u otras no hemos podido visitar @AitorLarrinaga y yo. Los jóvenes tienen mucho que aportar porque su perspectiva es distinta.
Sobre los resultados finales, felicito desde aquí al PNV de Balmaseda por la victoria en las urnas porque hay gente a la que aprecio ahí (y me consta que es recíproco). En cierta ocasión, felicité a uno de ellos con el único matiz de que no era buena la mayoría absoluta, y concluimos que el pueblo lo había querido así. Hoy me siento perdedor, porque creo que podía haber hecho más, epur Balmaseda si muove.