Cuando se les llena la boca diciendo que Balmaseda quiere ser (o ya lo es) referente en turismo, me pregunto si lo que se quiere es tener una tromba de gente en media docena de días al año, o si desde el consistorio se han parado a pensar en qué hacen localidades eminentemente turísticas para cuidar las formas. Es más, me pregunto si siquiera han hecho turismo los responsables del area de cultura del ayuntamiento de las últimas legislaturas. ¿Habrán ido a algún otro sitio que no sea Salou o Benidorm?¿Habrán visitado pueblos tan cercanos como Pedraza, Santillana del Mar, Frías… [por no hablar de extranjerismos como San Gimignano (Italia), Kinderdijk (Holanda), Trim (Irlanda), Delfos (Grecia), etc, etc, etc…]?
En los registros del ayuntamiento constarán los datos sobre cuántos turistas han visitado el pueblo, pero ¿cuántos se habrán quedado, por ejemplo, sin ver la iglesia de San Severino por estar cerrada? Quizá muchos más de los que pensamos. Sin ir más lejos, las parejas que no vienen con viajes organizados. Me pregunto si no se podría consensuar desde el ayuntamiento un acuerdo con el nivel clerical correspondiente para que tenga el horario de apertura que merece… y de paso generar algún empleo (a lo mejor algún historiador/a en paro que está dispuesto a ser guía turístico), así como generación automática de trabajo para imprentas, empresas de limpieza, seguridad, turismo… Creo que de la misma manera que yo he pagado por ver iglesias o monumentos incluso más pequeños, los turistas que visit
an Balmaseda pagarían por verla, o aunque sea gratis, gestionar las visitas de alguna manera beneficiosa para todos: los turistas y los balmasedanos.
Eso sí (estén atentos por favor a este párrafo y compruébenlo), me parece muy poco atractivo tener uno de los mayores reclamos cerrado salvo que haya liturgia de por medio y, no digamos ya, que esté cubierto de hierbajos en parte de su fachada, el campanario o sus elementos decorativos. Más aún, adjunto las fotos de la vergüenza (tomadas este verano) de los tres principales monumentos de la villa… porque una imagen vale más que 1.000 palabras. Lo que podéis apreciar es fruto de la incongruencia, debido a la cuál han crecido en la iglesia de San Severino, la iglesia del San Juan y el Puente Viejo. No entiendo que se venda un producto desde las acomodadas secciones de turismo de turno que te pueda sonrojar cuando hoy en día cualquiera de los que vienen puede escribir en internet que el pueblo tiene un precioso y privilegiado entorno monumental, pero que es una lástima que presente una desatención tan grande como inverosímil. Por lo visto, desde el consistorio municipal es más entendible agujerear esos edificios para colocar obras de arte contemporáneo que seguramente su autor ha concebido para ubicaciones mucho más mundanas que la pared de una iglesia en la que, paradójicamente, no se pueden hacer pintadas pero si colocar esculturas. Demencial e inexplicable.
Escribo esto en mi viaje de regreso de unas vacaciones en las que yo era el turista que pagaba. En el aeropuerto de Atenas hay publicidad de la #MarcaGrecia del tipo “Ven y ponte cara a cara con las imágenes que veías en los libros de la escuela”. Simple, pero directo. Por supuesto que no estoy comparando nuestra iglesia con la Acrópolis. Voy al concepto. Yo ya he visto el Partenón, y gracias a ello descubrí, por ejemplo, el barrio de Plaka. En mi anterior viaje estuve en Turín, y descubrí el mayor museo egipcio del mundo fuera de Egipto. Si no te permiten ver algo, puede que te pierdas otra cosa igual de interesante.
Y ya metidos en harina, imaginemos una Balmaseda con un proyecto de futuro. Con un parking subterráneo en el Frontón que una los dos a pie de calle que existen hoy en día y lugares “en lo rojo” reservados para autobuses con algún kiosko/chiringuito (aparte del que gestiona divinamente al otro lado el Skamata) que ofrezca chocolate, café y caldos en invierno y lo que se tercie en verano, y digo «lo que se tercie» porque esto es Euskadi y puede que en verano tengas que seguir ofreciendo lo mismo que ofreces en invierno… Incluso montar una oficina de turismo; todo ello a unos 50 m. del Puente Viejo donde el/la/los/las guías, que hoy son contratados puntualmente, tuvieran un flujo más organizado de grupos de turistas, de manera que podrían empezar a contar a los que vengan la historia de Balmaseda, las aduanas, la expulsión del siglo XV, los estragos de la Peste Negra que propiciaron las procesiones a Kolitza, etcétera de camino al Campo de Las Monjas para empezar a hablarles de nuestra Semana Santa, y de paso venderles algún libro o DVD. Quién sabe si alguno vuelva a verlo in situ. Bajar luego por el casco antiguo de la Villa. Comentando el pasado del Palacio de Horcasitas, la casa del Millonario, el Palacio de Urrutia y balmasedanos ilustres -que hay unos cuantos- para llevarles por la Correría hasta la Plaza donde después de todo ese poso de Historia (con mayúscula) darán todavía más valor a la imponente iglesia de San Severino, donde terminaría la visita para llevarles por la calle Martín Mendía al autobús que les ha dejado hace 2 horas.
Por eso, cuando pido que hagamos explotar la iglesia no me refiero a poner dinamita dentro, sino a hacer que el ayuntamiento vea que a lo mejor se puede generar un método de explotación que genere riqueza directa o indirecta al pueblo. Aunque los que me conocen saben que la idea de la dinamita… bueno… dejémoslo aquí.
Iván Fdez. Barcenilla
