Kolitzapuza.

En estos días donde la sensibilidad de los refugiados está tan presente por el drama que está teniendo lugar en Europa, en #Balmaseda le damos una vuelta de tuerca y ya no sólo la tenemos con los refugiados, sino también con los refugios. Concretamente, con el del Kolitza. Ha sido el tema de conversación en muchos grupos de WhatsApp, en los bares, en Facebook e incluso tal ha sido su repercusión que el propio alcalde ha tenido que realizar un escrito más clarificador y objetivo que los que en estos días han colgado en sus muros otr@s a los que el subconsciente les empujó a publicar alardeando de objetividad, sin tener en cuenta algo tan básico como que por definición las opiniones y las emociones son SUBJETIVAS. Todas. Sólo los datos son objetivos y por eso desde el Ayuntamiento han intentado frenar el desencanto que ha generado entre los balmasedanos la necesidad de cambiar precisamente ahora el refugio, cuando desde el año 1.986 había ya un proyecto para modificarlo. No hay más que echar un ojo a quienes han dado a “Me Gusta” en Facebook o compartido la publicación de Álvaro para saber quienes son los que están super-de-acuerdo con lo que se diga desde el Ayuntamiento… pero ese es otro tema.

Los que me conocen saben que no me gusta ir al monte. Y que llevo muchos años sin subir al Kolitza. Por eso necesitaba algo más que la opinión de unos y otros para ver cómo está el refugio a día de hoy y así entender la problemática de algo tan gordo como demoler el que hay, con la celeridad con la que se ha llevado a cabo la obra. En ese sentido,  agradezco también al alcalde que haya aportado la memoria del proyecto a su escrito. No dudo en absoluto de que estar a la última en diseño no es una prioridad… pero hacer el nuevo de madera por fuera y de madera por dentro, separando ambas partes por un compuesto ignífugo cuando el que hay ahora ya se ha intentado incendiar unas cuantas veces me parece raro. Nos estamos olvidando de lo esencial: un refugio de montaña no es más que eso. Vienes desde un punto A para ir a un punto B, y antes de llegar al refugio te ha pillado la tormenta, o el frío, o el calor, o lo que sea que te incomode lo suficiente como para acabar tu recorrido. No es un lugar donde pasar la noche (salvo excepciones), ni mucho menos es una casa rural.

El boom “biciclístico” y alpinista en el que vivimos (y que me deja ojiplático casi a diario desde aproximadamente 2.012) me hace entender como necesaria una “pensada” en ese tema. Y de ahí que la anterior legislatura se tomara el asunto como algo prioritario. Ahora bien, no siempre fue así. El ejemplo más flagrante es el polideportivo que daría cobijo a un gimnasio o canchas indoor para baloncesto (sobre todo), futbito y balonmano que ha tenido que esperar nada más y nada menos que desde que existe la democracia. Ahí es nada. Yo apenas sabía caminar. Tanto “se abrió la mente” y “se miró al futuro” para construirlo, que acabó siendo pasado; daba igual que hubiera cuadrillas de Balma que tuviesen que ir a jugar a futbito al de Zalla, o que los y las jugadores y jugadoras del C.B. Balmaseda -entre los que, por cierto, estuvo el alcalde- tuviesen que poner y quitar las líneas del campo durante tantos y tantos partidos (¿Cuánto dinero se habrá gastado en aquella dichosa cinta blanca?). En lugar de aprovechar momentos en los que se podrían haber acometido obras como esas con importantes subvenciones, se decidió construir por la tremenda con las consecuencias políticas que todos conocemos, y con las deficiencias físicas que los que asisten a él denuncian día sí y día también.

Foto: Maika Salguero.
Foto: Maika Salguero.

Lo único cierto de toda esta historia del refugio, es que el dato de lo que va a costar ha encendido los ánimos de los balmasedanos porque es tanta la pasta en juego que lo convierte en algo tan serio que no se puede llevar al terreno emotivo. Porque para emociones, ya tienen ellos las suyas. Por eso, comentarios como “[…] A todos nos vienen recuerdos de momentos vividos en el antiguo refugio, pero pronto viviremos grandes momentos en el nuevo, que en poco tiempo se hará un hueco en nuestros corazones.” me resultan pueriles… peor aún, me hace pensar que creen que somos niños. O zambullirse en el enorme océano de la demagogia dándonos lecciones de seguridad o sostenibilidad con la madera y el techo verde cuando hemos tenido que esperar más de 10 años para que sea un tribunal el que OBLIGUE al Excmo. Sr. D. José Antonio Ardanza (hoy sería Joseba Andoni, supongo) a rebajar 37 cm. el tejado de su… ejem… caserío en pleno corazón de la reserva de la biosfera del Urdaibai. No quiero ser malpensado y creer que la misma UPV-EHU o el mismo departamento de montes de la Diputación Foral de Bizkaia pasaron por alto algo que los ecologistas vieron tan flagrante que lo llevaron ante la Justicia. A lo mejor si la reforma del ex-lehendakari es acorde a la normativa para toda una reserva de la biosfera, el refugio ya demolido del Kolitza podía haber sido arreglado sin necesidad de gastar 170.000 €.

Iván Fdez. Barcenilla

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