El pasado miércoles 26 de julio nos despertamos sobresaltados con la calle La Cuesta cortada y un despliegue policial pocas veces visto en Balmaseda. Un joven vecino de Balmaseda, de origen marroquí, estaba siendo detenido. Se le acusaba de apología del yihadismo y de apoyar a movimientos de carácter terrorista a través de las redes sociales, en especial a través de Facebook. Incluso se aseguraba que tenía relación a través de las redes sociales con combatientes en Siria e Iraq.
Más allá del carácter del delito que se le pueda imputar: publicar cosas en internet que pueden ser constitutivas del delito de apología del terrorismo -y hasta lo que se conoce de nada más se le acusa-, es posible que cuando leas este artículo ya esté en libertad. Más allá incluso de que a todas las personas en un estado de derecho les asiste la presunción de inocencia, y que en este caso no se ha respetado. La mayor sorpresa ha sido la forma en la que los medios han tratado el suceso y las reacciones, sobre todo en las redes sociales, que ha suscitado entre algunos de nuestros vecinos y vecinas.
La inmensa mayoría de los medios han publicado la noticia tal y como, suponemos, la ha difundido el Ministerio de Interior. Sin contrastar y sin el mínimo respeto a derechos fundamentales: la ya mencionada presunción de inocencia, el derecho a la intimidad y la privacidad y la protección de datos personales. Se consideró relevante difundir que esta persona o su familia podían estar cobrando ayudas sociales… y así volver asociar yihadismo con RGI. Se sacaron imágenes del portero automático de la vivienda donde pueden vivir menores y se afirmaron cosas sobre su situación personal, dando datos que sólo tiene la administración y que están protegidos por la ley de protección de datos. Nos consta que el Ayuntamiento ha cumplido con la ley y no facilitado datos de ningún tipo a ningún medio. Es más, como no podía ser de otra manera, se quejó ante los medios del tratamiento informativo que se estaba dando.
Existe desde hace tiempo una tendencia en ciertos medios a criminalizar no sólo a los perceptores de RGI, como ha sido este caso, sino también a otras iniciativas sociales. A veces llegando al insulto: ONGs solidarias («perroflautas»), asociaciones feministas que luchan por la igualdad de la mujer («feminazis»), a organizaciones sindicales («comedores y vagos») o asociaciones juveniles («ninis o porreros») por poner sólo unos ejemplos. Se intenta crear un clima de opinión en el que los avances sociales que se han conseguido a lo largo de décadas de lucha no son legítimos y la escasez de medios del «estado del bienestar» es porque se derrocha en gente que no lo merece. Como si hubiese niños que no merecen tener educación, como si hubiese enfermos que no merecen la sanidad o como si hubiese ancianos que no tienen derecho a vivir su vejez sin sobresaltos. Como si el derecho a unas condiciones de vida dignas en nuestra sociedad no debiesen ser para todos, sino sólo para los privilegiados. No te dejes engañar. En nuestra mano está no perder las conquistas conseguidas.
Respecto a las reacciones que suscitado la noticia, son todavía más sorprendentes. Se puede entender que la gente se sobresalte, sobre todo por la alarma creada por el tratamiento policial y mediático. Y en especial la gente mayor, que accede a menos fuentes de información, pero este suceso ha sacado a la luz lo peor de algunos de nosotros: prejuicios, estereotipos, clasismo y -porqué no decirlo- racismo y xenofobia. No se puede condenar y estigmatizar a toda una comunidad, a vecinos y vecinas que llevan una vida tranquila desde hace tiempo en nuestra villa y que conviven con nosotros con total normalidad, por los actos de solo uno de sus miembros. Nos ha recordado a cuando viajabas por España y, en cuanto decías que eras vasco, automáticamente te miraban con recelo y guardaban las distancias. O, echando la vista un poco más atrás, cuando nuestros abuelos llegaron aquí desde otras provincias del estado y algunos les insultaban y les decían que se volviesen para su pueblo, que no eran de aquí. ¡Qué pronto olvidamos!
No vamos a ser ingenuos, ni buenistas y creer que todo va a ser de color de rosa en las relaciones entre las diferentes comunidades que hay en Balmaseda. Hay y habrá problemas, también oportunidades, momentos malos y buenos, como en todas las relaciones. Y no hay que huir de ellos, sino afrontarlos. A veces llegaremos a acuerdos y otras tendremos que aprender a convivir con la diferencia, pero no debemos perder la oportunidad de conocernos, de compartir espacios, de ponernos en la piel del otro. La convivencia, el contacto con el otro, es un bálsamo que no lo cura todo, pero casi.
Aitor Larrinaga García, portavoz de la Candidatura Local Independiente (CLI)