ORACIÓN DE SHEPARD – Eneko Beraza
Esta es una de las primeras lecciones que aprendemos cuando nos hacemos mayores: la culpa es del Gobierno.
En nuestra infancia el jarrón se caía solo. Poltergeist. Y así la culpabilidad rebotaba contra nosotros como en un frontón y, apartada lo más lejos posible, continuábamos nuestra existencia sin consecuencias, pecados u ofensas. A funcionar.
Lo digo porque, al cierre de esta edición, leo con escasa sorpresa cómo el padre de un joven confinado en Mallorca dice sin ningún pudor -y cito- que ‘la culpa es del Gobierno que permite no cumplir las restricciones’.
Por supuesto, alguien siempre tiene la culpa de nuestros males: nuestro jefe, el presidente de la comunidad, el alcalde, el lehendakari o la Santa Madre Iglesia. Somos libres, sí, pero si la cosa se pone fea la responsabilidad individual salta por la ventana como un gato en casa ajena. A mí que me registren.
Quien me conoce sabe que he oído zumbar más de un pelotazo de las fuerzas policiales cerca de la oreja. Que no soy muy de porras y botas militares. Que, aun teniendo buenos amigos que trabajan en el ramo, suelo recelar de cuerpos que amparan a Harry el Sucio, Charles Bronson y sargentos de hierro. Pero también que considero necesario el orden y el cumplimiento de las leyes que aprueban nuestros representantes políticos: si no me gustan (las leyes o los políticos), siempre haré lo posible para que los que no me molan no ganen. Por ahora no he tenido mucha suerte, la verdad.
Pero ahora si atracas un banco la culpa es de quien no diseñó una caja fuerte lo suficientemente resistente para no poder abrirla. Si matas a alguien apuntarás a quien fabricó o vendió tu arma. Somos seres infantilizados del país de la gominola sin Tercera Ley de Newton, con acción pero sin reacción, y totalmente inocentes porque el desconocimiento por fin parece eximir del cumplimiento a pesar de que ignorantia juris non excusat o lo que dijeran esos malditos romanos.
Mi enano tiene 6 años y desde que tiene un mínimo uso de razón le he intentado enseñar tres cosas relativamente sencillas:
- Rendirse no es una opción
- Todo acto tiene una consecuencia
- Se aprende más escuchando que hablando
Le pediría a ese tipo con fimosis mental y carnet de padre que se repase los puntos 2 y 3: hace un flaco favor a su infante haciéndole creer que estaríamos mejor en una dictadura.
Feliz otoño. Y libres, a poder ser.