Ondare Bizia no es sólo el Cerro del Castillo

SCE to AUX – Iván Fernández

Este año se cumplen 43 años de excavaciones ininterrumpidas en los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Toda una vida, al menos como la mía de larga.

Eso puede ponernos un poco en perspectiva sobre la ingente cantidad de tierra removida, piedra retirada y fósiles encontrados para que eso haya sido así desde 1978. Al frente del proyecto en la Fundación Atapuerca están Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell y José Mª Bermúdez de Castro, co-directores de la entidad que tanta luz ha aportado a lo que hoy en día se conoce sobre la evolución humana a nivel mundial. Ahí es nada.

Pero no todo fue siempre así de bonito y divertido. Lo contaba Arsuaga con una mezcla de gracia y pesar al inicio de las excavaciones de este año 2021. Cuando iban a pedir financiación para el proyecto hace más de cuatro décadas lo que les decían a los políticos de turno era “vosotros comprended lo que tenemos y dadnos cariño. Luego ya hablaremos de dineros y cosas que hacer con ello”. Comprensión y cariño. Nada más, y nada menos.

Solo un necio podría comparar la envergadura y relevancia de lo que hay en la sierra de Atapuerca con los restos que se han destapado durante el mes de junio en el Cerro del Castillo. Soy necio, pero no tanto. (Y eso que, por lo que cuentan, puede ser un descubrimiento verdaderamente relevante en su contexto a nivel al menos de Bizkaia).

Lo que sí es comparable es la manera en la que los políticos pueden actuar a la hora de querer comprender lo que hay y darle cariño. El interés, las ganas. Y hay dos tipos.

Un tipo es el que se interesa por saber lo que tenemos ahí arriba, que se sorprende cuando se lo cuentan los arqueólogos, que a ver qué es eso de la Guerra de los Siete Años. Alguien al que lo descubierto le parece una buena oportunidad de aportar un valor que hoy no existe a la memorizada y cada vez más obsoleta oferta cultural de Balmaseda. Recuperar un espacio sin modificar el entorno más de lo necesario y ofrecer una solución de continuidad en los años venideros para que la gente de Balmaseda y la no balmasedana disfruten a la vez del paisaje y de la historia que alguien les cuente que ocurrió en esas estancias que han rebrotado 180 años después. Generar algo de riqueza de forma continuada en el tiempo y no atracones de dos días y 25.000 personas que solo dejan dinero a la hostelería. Llamémosle a eso «dar un mínimo de cariño» al proyecto Ondare Bizia: respetar el trabajo de los técnicos acudiendo a las reuniones programadas, interesarse por ello… Lo normal, vamos.

El otro tipo de político es el que no hace nada de eso. Son esos a los que les da igual Balmaseda si no gobiernan y hay que andar detrás de ellos igual que de niños.

Y ahora que os he contado todo esto, adivinad quiénes de los 13 representantes públicos del ayuntamiento son del primer tipo y quiénes son del segundo. 😉

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