
Es difícil, casi imposible, modificar valores incrustados en la gente que con el paso de los años se entrelazan unos con otros hasta un enredo tan infranqueable como las raíces escondidas de un árbol genealógico; la cabeza de esa masa social va haciendo años y es separada para siempre del entorno cotidiano llevándoles bajo tierra junto a esas raíces; después de eso, a los demás nos queda confiar en que los que vienen detrás sepan hacia dónde dirigir sus pasos y sus pensamientos de manera autónoma. Que sean capaces de decidir qué está bien y qué está mal. La Realidad es tozuda, y no sabemos exactamente cuánto tiempo ha de pasar para que una regeneración tenga lugar… sin embargo, no será por no decirlo. El cambio es posible y necesario, incluso a todos los niveles. Con esto queremos dejar claro que la mayoría absoluta es un sistema insostenible en el siglo XXI. Eso es lo único que debemos tratar de transmitir para que en Balmaseda no tengamos otra legislatura de plenos a las 8 de la mañana o decisiones importantes tomadas por el artículo 33. Y no digamos ya de propuestas de la oposición descabezadas nada más abrir los ojos.
Digamos que de la misma manera que no se puede imponer el voto a nadie, tampoco los votados deberían imponer acciones que, a pesar de no ser siempre malas, no dejan de ser impuestas. De eso trata vivir en democracia. Para la oposición no es plato de buen gusto trabajar sabiendo que vas a chocar contra el mismo muro una vez, y otra, y otra… cada vez más cerca de infinito que de cero. Por eso intentamos transmitir que, aunque no nos rendiremos en nuestro afán por hacer cosas que mejoren la vida cotidiana de los balmasedanos, para ello necesitamos que los que lo vienen haciendo a lo largo de los años nos sigan dando su apoyo, pero también que los indecisos de hoy en día o que los jóvenes no encorsetados desde la cuna nos brinden su apoyo en las urnas con el objetivo claro de que al menos se consiga evitar radicalmente la actuación absolutista de los dirigentes elegidos por un amplio sector de la Villa (sería de necios no ver que son los más votados).
Las elecciones no son un partido de fútbol, con dos equipos frente a frente. Por eso, os trasladamos nuestras ganas de conseguir retomar una forma de gobierno más acorde con la época en la que vivimos. Por primera vez en mucho tiempo hay un abanico suficientemente abierto de formaciones capaces de formalizar un estado de bienestar al pueblo con motivaciones puramente ciudadanas. Con esto no quiero decir que los que están no lo hagan, sino que no se trate al resto de grupos como el último mono, y se utilice el sentido común teniendo en cuenta qué propuestas avanzan porque realmente son buenas para la Villa, y cuáles son demostrablemente viables o inviables. No se trata de querer quitar de en medio, sino de sumar entre todos. Nada más fácil que debatir pros y contras, explicaciones derivadas de análisis, etc…
Ahora bien, puede resultar impopular decir que una eterna promesa como la de los independientes en Balmaseda no se va a comer un colín en las municipales de este año (si acaso alguna representación en el ayuntamiento), pero no quiero pensar qué coño sería de Balmaseda sin lo que en su día fue un sueño de juventud, que se ha forjado y tomado fuerza como lo ha ido haciendo la vida de los implicados actuales y pretéritos con miles -literalmente- de horas dedicadas a intentar buscar soluciones y ayudar a sus convecinos desde hace tantos años a pesar de que, como he dicho antes, tengan siempre presente la infranqueable valla que Sabino Arana levantó después de acunar los sentimientos de muchos inmigrantes (de origen castellano en su mayoría) que aún hoy en día duermen bajo aquel paraguas el plácido sueño de juventud sin darse cuenta de que puede que haya algo más “ahí afuera”. No todo es malo al otro lado, de la misma manera que no todo es bueno a cubierto.
Iván Fdez. Barcenilla