
Escuchar al PNV preguntar por qué no llegan subvenciones a Balmaseda es la ironía de un modelo clientelista que campa a sus anchas en Euskadi desde hace décadas.
El secuestro que supone el viejo mantra de ‘si quieres pasta ya sabes a quien votar’ aburriría a un cerdo. Lo conocemos todos, las cartas llevan boca arriba mucho tiempo y no lo vamos a repetir más. Ese era parte del reto de los que ganaron las elecciones: demostrar que otras políticas son posibles. Por ejemplo, el ayuntamiento va a recibir 100.000€ para el palacio de Horcasitas, 75.000€ para los huertos urbanos o el dinero (445.000€) proveniente de los fondos europeos para proyectos de eficiencia energética y sostenibilidad que, dicho sea de paso, la Diputación está obligada a dar a cada pueblo en función de diferentes conceptos y gobierne quien gobierne, por citar solamente tres ejemplos.
La crítica siempre es necesaria en democracia: enriquece la vida de todos y todas, permite que quien gobierna no se relaje y construye un futuro en el que cada ciudadano ocupe su espacio. Sin embargo, y creemos que por falta de experiencia, el PNV en la oposición es bastante previsible. Se agarra a cualquier debilidad, aunque sea ocasionada por su mala praxis, demuestra por sorpresa interés mayúsculo en cientos de temas que no le importaron en 40 años y se convierte de repente en el adalid de asociaciones a quien, incómodamente, pone en la palestra sin (probablemente) consulta previa.
La propaganda tiene como objetivo influir en una comunidad respecto a alguna causa presentando solamente un lado o aspecto de un argumento, siempre es subjetiva y parcial. Existen mil maneras de decir lo que uno piensa. Es obligatorio aceptar la crítica de la oposición; lo que resta valor a esos ataques es criticar las hierbas de la calle cuando has tenido una huerta en el tejado de un monumento durante años, o pedir que se dé dinero a espuertas año tras año a entidades que nacieron con el ánimo de algún día volar solas y que no acaban de arrancar. Preguntar en un panfleto buzoneado con un mapa de subvenciones de Bizkaia… donde a lo mejor lo que hay que preguntar es “ADIVINA DÓNDE NO GOBIERNA EL PNV” para entender infinitamente mejor el concepto de lo que dicen: solo dan dinero a los suyos. No deja lugar a dudas de lo que los ayuntamientos independientes o contra-hegemónicos son más que necesarios para que esto no se convierta en el patio de recreo de su oasis vasco en el que nunca hay corrupción. El truco consiste en trabajo, trabajo y más trabajo para que, con toda la transparencia del mundo, todas las pegas que pongan a las diferentes solicitudes de subvención se subsanen para que no les quede más remedio que aceptarlas… y entonces ya los que quedan retratados si nunca las conceden son ellos, no los que las piden. Y en esas están los de la CLI.
De repente, los otros, «los que saben», después de 40 años sin hacerlo, dicen que ahora sí, orain bai, ¡por fin! como pulpos en garajes parece que van a escuchar al comercio, a la hostelería y a otras entidades del pueblo, presentado como una novedad lo que los de la CLI llevan en el ADN. Claro, puede pasar lo previsible: que ellos ya no convencen a nadie.







