Estos dos últimos meses han sido frenéticos y apasionantes, una montaña rusa de emociones, un subidón de adrenalina: trabajo sin descanso, esfuerzo hasta el agotamiento, alegrías y tristezas, todo al mismo tiempo, mezclado y agitado en una coctelera infernal llamada elecciones municipales.
Si algo caracteriza al ser humano es la capacidad de aprender y la capacidad de olvidar lo negativo para recordar solo los buenos momentos.
Hemos aprendido mucho.
Hemos olvidado rápido.
Quizás por eso, aunque no hayamos conseguido nuestro máximo objetivo que era la alcaldía, me siento afortunado, me siento ganador. No sólo por esos 1.105 corazones que han latido acompasadamente al ritmo del “estoy por ti”. No sólo por las cuatro actas de concejal conseguidas.
Me siento ganador por ese grupo de hombres y mujeres que ha estado a mi lado en todo momento, que han trabajado sin descanso, haciendo un paréntesis en su vida cotidiana para vivir esta aventura conmigo. Todos/as se han entregado sin nada cambio, sin pedir explicaciones, inasequibles al desaliento, como si todos juntos formásemos un sólo ser. Quiero personalizar mi agradecimiento en mi amigo Eugenio. Los dos simbolizamos el Ying y el Yang de la CLI, a pesar de ser diferentes siempre juntos, formando un equipo irreductible.
Me siento ganador por todas esas muestras de cariño y confianza de la gente: unos, amigos de siempre, otros, casi desconocidos. Por las invitaciones a entrar en vuestras casas cuando hacíamos el puerta a puerta en la campaña. Por ese guiño cómplice el día de las elecciones. Por ese sutil roce en la mano, la palmada en la espalda, el apretón de manos y tantos besos y abrazos…
Me siento ganador por no habernos rendido, por haber peleado hasta el último instante como si no hubiese mañana, por vaciarnos y darlo todo en el intento de cambiar Balmaseda. Por toda esa gente de otros grupos políticos, que no me voto y que estaba orgullosa de que yo pudiese ser su alcalde. En especial aquellos que cumpliendo su palabra, me apoyaron en el pleno con su voto y lo proclamaron a los cuatro vientos.
Quizás la realidad fue otra y soy demasiado sentimental. Quizás quien se encargue de relatar la historia la escribirá de otra manera y seguro que en la historia de Balmaseda no quedará ni un rastro fugaz de esto que hemos vivido juntos. Pero mi verdad, mi victoria, la tengo grabada en mi corazón y esa la recordaré en cada latido.
Estoy por vosotros , eskerrik asko.
Aitor Larrinaga.




